El quijotesco mes de abril

abr21

El quijotesco mes de abril

0

Si algo se ha oído durante este mes en la oficina de 30 Letras es que si por algo nos gusta el mes de abril es porque empieza la temporada de las Ferias del Libro. Algunas como la de Huelva y la de Valencia ya han comenzado, otras esperan al 23 de abril o a que pase esta fecha tan señalada para dar el pistoletazo de salida a la fiesta del libro en sus ciudades. Lo que está claro es que el 23 de abril es un referente para todos los amantes del libro y la literatura y este año todavía más porque coincide con la celebración del IV Centenario de la muerte de Shakespeare y Cervantes o Cervantes y Shakespeare, como cada uno prefiera… Justo  el jueves pasado, en la presentación de “Secretos familiares” de Diana Paris en la Casa del Libro, comentaba la escritora que le hacía gracia la batalla entre ingleses y españoles por ver quién tenía más actos conmemorativos, si Shakespeare o Cervantes. Nosotros no los vamos a contar y cada uno es libre de escoger al que más le guste… o a ambos, porque hasta donde nosotros sabemos, nada en la literatura es incompatible pero ¿son sus libros adecuados para cualquier edad?

No podemos ocultar nuestra debilidad por la literatura infantil y la juvenilpor eso nos llamó la atención un artículo que leímos en Verne y que titulaba: “¿Tiene sentido pretender que los niños lean El Quijote en los colegios?”. Para quienes no tengáis tiempo de leerlo, en el artículo preguntaban a varios docentes de distintos centros y distintas Comunidades Autónomas sobre la conveniencia de este hecho y  una de las conclusiones que sacan es: “el genio de las letras no tendría la ocurrencia de poner a leer a los niños el original de su obra porque solo conseguiría aburrirles como una ostra”, afirmación que nos parece de lo más coherente. También coincidimos con lo que dice la maestra de un colegio de Palencia,  Cristina Díaz: “Obligar a leer El Quijote en las aulas de primaria y de secundaria, sin adaptar, es una barbaridad”, “al obligar a leer la versión original, lo único que hacemos es castigar a los lectores sin tener en cuenta uno de los mandamientos que promovemos en los colegios: hay que leer por gusto”. Y justo esto, el dejar que los niños sean quienes elijan sus libros, es el lema que defendemos en 30 Letras de cara a todos los proyectos de fomento y animación a lectura.

Si se les pregunta a estos profesionales a partir de qué edad sería adecuado acercarse a la obra original, indican que en el bachillerato, lo que nos da pie para contar una anécdota que siempre recuerdo cuando se habla de la lectura del Quijote. En el colegio en el que estudié, acertaron con la etapa, 2ºde BUP (sí, yo fui a la EGB), pero lo que fue clave para la lectura de El Quijote, fue la motivación del profesor: nos propuso un reto. Había calculado que si leíamos 10 páginas cada día tendríamos leído el libro en 15 días (más o menos), tal fue la motivación del profesor que de una clase de 42 alumnos fueron sólo 4 ó 5 los que no lo terminaron.

Pero sin perder el norte del objeto de la cuestión ¿pueden los niños leer El Quijote? Nosotros decimos que sí, hay multitud de adaptaciones que consiguen acercar la figura de Cervantes y atraer la atención de los más pequeños a las aventuras de su famoso caballero andante porque… ¿qué es El Quijote sino un libro de aventuras? La editorial SM tiene en su catálago varios libros para distintas edades, pero nosotros escogemos dos, de Anaya y La Galera. Para acercar la figura de Cervantes, nos gusta Mi vecino Cervantes de Rosa Huertas, para niños de primaria, y para una primera aproximación a las aventuras de El Quijote nos quedamos con Don Quijote de la Mancha, adaptación de Ana  Campoy, ideal para niños a partir de 3 años. Así que todos podemos leer El Quijote, de una u otra forma, pero para nosotros lo importante es leer aquello que nos guste y sobre todo en los peques es fundamental para que su aproximación a la lectura sea un placer y no una obligación.

 

*La imagen es del interior de Don Quijote de la Mancha, adaptación de Ana Campoy e ilustraciones de Roser Calafell